Guerra submarina en el Pacífico: La historia de la lucha bajo las olas entre Japón y Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial por Charles River Editors

Guerra submarina en el Pacífico: La historia de la lucha bajo las olas entre Japón y Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial por Charles River Editors
Titulo del libro : Guerra submarina en el Pacífico: La historia de la lucha bajo las olas entre Japón y Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial
Fecha de lanzamiento : January 12, 2018
Autor : Charles River Editors
Número de páginas : 58
Editor : Charles River Editors

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Charles River Editors con Guerra submarina en el Pacífico: La historia de la lucha bajo las olas entre Japón y Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial

Los submarinos tuvieron un impacto decisivo en el resultado de la Batalla del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial. La flota submarina de los Estados Unidos, bajo el mando general, si bien no exclusivamente, del Vicealmirante Charles Lockwood, estranguló las líneas de suministro y tráfico naval del Imperio del Japón. Sus “asaltos al comercio” lisiaron la capacidad japonesa, tanto de mantener abastecidas sus unidades en el frente, como de fabricar las armas, embarcaciones y vehículos que necesitaba para continuar con éxito la lucha.

Tanto los Estados Unidos como Japón produjeron excelentes submarinos de alta tecnología en el contexto de la era de la II Guerra Mundial. Los submarinos Clase I de la Armada Imperial Japonesa (AIJ) demostraron excelente estabilidad en aguas difíciles y ofrecían la versatilidad que les daba su gran tamaño, incluyendo la capacidad de servir como naves nodrizas para mini submarinos, como portaaviones para aviones exploradores, o incluso como bombarderos especializados. Los torpedos Tipo 93 Long Lance y Tipo 95 que llevaban eran lo suficientemente poderosos para hundir buques capitales como acorazados y portaviones, desde varias millas de distancia.

Los submarinos de la Marina de los Estados Unidos (US Navy - USN), si bien más pequeños, podían sumergirse profundamente, moverse rápidamente y proporcionar tanto potencia de fuego como probabilidades de supervivencia. Aunque sus torpedos Tipo XIV y Tipo XVIII no igualaban al Tipo 93 japonés, igualmente tenían potencia letal, particularmente tras ser mejorados a finales de 1943. El USS Archerfish también demostró a los buques capitales japoneses la letalidad de los submarinos estadounidenses.

Los submarinistas de ambas flotas demostraron inmenso valor, osadía y habilidad en el ejercicio de su deber. Ambos grupos de hombres exhibieron agresión, patriotismo y espíritu de lucha en igual medida, independientemente del lente cultural a través del cual se manifestaron estos rasgos. Ambas marinas produjeron con éxito oficiales submarinistas profesionales y altamente capacitados.

Los japoneses, sin embargo, decidieron utilizar sus submarinos principalmente como apoyo para grandes acciones de flota a distancias visuales, lo cual nunca ocurrió. En lugar de eso, los submarinos llevaron a cabo ataques esporádicos y descoordinados, y el resto del tiempo, permanecieron en guardias de vigilancia o vieron su tiempo desperdiciado en transporte de suministros y evacuaciones subacuáticas.

Los nipones nunca corrigieron estos problemas, posiblemente debido a factores culturales. Los impetuosos y democráticos estadounidenses, desconfiados de la autoridad y acostumbrados a hacerse valer, confrontaron bulliciosamente a sus comandantes cuando sintieron que algo estaba mal. El problema de los torpedos provocó reyertas entre los capitanes de submarinos y los almirantes que casi llegaron a los puños, pero al final, los almirantes examinaron y corrigieron el problema.

A pesar de constituir apenas el 1.6% del tonelaje total de la USN en el Pacífico, la flota submarina infligió enormes pérdidas a la AIJ y la crucial marina mercante japonesa. Los submarinos hundieron el 55% de los navíos mercantes perdidos, o aproximadamente 1.300 embarcaciones; en total, los Aliados hundieron el 77% del transporte naval japonés.

Los submarinos también hundieron 214 acorazados japoneses, 82 de ellos de mil toneladas o más -4 portaaviones, 4 portaaviones escolta, un buque de batalla, 4 cruceros pesados, 9 cruceros ligeros, 38 destructores y 23 submarinos- lo que representaba aproximadamente el 30% de toda la Armada Imperial Japonesa. Las estilizadas naves depredadoras hechas en los astilleros de Virginia, Wisconsin o el estado de Washington devastaron los activos navales y de carga del Imperio del Sol Naciente, muy por encima de proporción en relación con sus números, y a un costo de 42 submarinos en “patrulla eterna”.